Había escrito una entrada acerca de Por qué Mindful Eating promueve la inclusión de pesos / tallas. Diversas personas me pidieron aclarar algunos conceptos o ampliar algunas afirmaciones, particularmente para quienes se están recién comenzando a familiarizar con el enfoque de Salud en Todas las Tallas o el enfoque inclusivo con respecto al peso. Si bien el texto a continuación está lejos de ser una revisión o discusión extensa acerca del tema, es mi deseo que sea más claro, al mismo tiempo que incluyo referencias para una exploración más profunda.

Como médica, fui entrenada en un paradigma centrado en el peso (1). Esto se alineó con el sesgo en torno al peso y el salutismo (2) dominantes en nuestra cultura, que yo había interiorizado.

Como seres humanos, tenemos lo que se ha denominado sesgo cognitivo, lo cual quiere decir que tendemos a asimilar nuevo aprendizaje a lo que ya consideramos como verdadero. Así, para la mayoría de lxs profesionales de salud, al aprender mindfulness y mindful eating, simplemente se incorporan estas prácticas como nuevas ‘habilidades’ vistas a través del lente del paradigma en el que hemos sido socializadxs y entrenadxs.

Desde un paradigma salutista y centrado en el peso, tiene sentido alojar la responsabilidad de perseguir un estilo de vida “saludable” que conduzca a un peso “saludable/normal” dentro del individuo. Y se adopta e interpreta la práctica de alimentación consciente como una estrategia para ayudar a las personas a manejar su peso, y se mide el desenlace de dicha estrategia en términos de qué tan bien se adaptan (o no) los cuerpos de las personas a la idea normativa de salud. Esta idea normativa está fuertemente influida por el racismo, el capacitismo, las identidades de género binario dominantes, estándares estéticos y una comprensión muy limitada de la salud como algo determinado por parámetros metabólicos o cardiovasculares. Y el hecho de que la mayoría de lxs instructorxs de mindfulness / mindful eating son personas con identidades privilegiadas que tienen, en su mayor parte, cuerpos que se ajustan al estándar dominante (es decir, blancxs, cis-género, sin discapacidades, con privilegio de delgadez) también contribuye a la forma en que estas prácticas son transmitidas y adoptadas.

Como mi querida amiga y colega Caroline Baerten ha señalado en una entrada de blog, muchas personas están intentando ser quienes piensan que deberían de ser, y cuando unx maestrx refuerza un diálogo interno opresivo al utilizar un enfoque guiado por desenlaces, la práctica de mindfulness se convierte en una forma de violencia.

Cuando esto ocurre, en esencia, la práctica de mindfulness y mindful eating, que tienen la intención de promover liberación, son apropiadas por paradigmas y estructuras opresivos.

Si como instructorxs de mindfulness o alimentación consciente no hemos revisado y cuestionado nuestros sesgos interiorizados – tanto sutiles como no-tan-sutiles – seguiremos creyendo que el peso / el cuerpo de una persona es un problema a solucionar, que la atención plena / alimentación consciente es el ‘antídoto’ o ‘solución’ al ‘problema’ del ‘sobrepeso’ y la ‘obesidad’. Seguiremos esperando la pérdida o el control de peso como resultado inevitable de que las personas implementen esta práctica de manera ‘correcta’. Y seguiremos haciendo daño.

Entonces, ¿cómo hacemos la transición de un paradigma a otro? Una forma es revisar y cuestionar los valores, supuestos y afirmaciones del paradigma dominante. Otra es privilegiar distintas formas de saber, tales como la experiencia vivida de poblaciones marginadas – incluyendo personas que viven en cuerpos de mayor tamaño – y cultivar sabiduría con discernimiento acerca de los daños, riesgos e implicaciones éticas de continuar promoviendo el paradigma dominante.

Al revisar y cuestionar mis propios sesgos, ha sido necesario para mí contender con el duelo de darme cuenta de que yo también he hecho daño. Yo también he practicado y enseñado desde un paradigma centrado en el peso. Aun habiendo hecho la transición a un enfoque de Salud en Todas las Tallas, me sorprendo a mí misma utilizando lenguaje opresivo o me percato de pensamientos y conductas que surgen del sesgo y estigma interiorizados. Intento cultivar compasión hacia mí misma, y hacia otrxs que están desvirtuando la atención plena o la alimentación consciente para una práctica centrada en la pérdida o el manejo de peso, o que continúan con un pie en cada paradigma. Algunos días me cuesta más trabajo que otros.

A continuación encontrarás algunos de los sesgos y creencias que es importante revisar y cuestionar (las creencias están en cursivas y a continuación incluyo una breve explicación). Una explicación detallada de cada una de las cuestiones está más allá del alcance de esta entrada, por lo que he incluido varias referencias al final del texto.

Que el tamaño del cuerpo se correlaciona con la salud física y salud mental. Sí, pero no como se nos enseña habitualmente. Vivir en un cuerpo de mayor tamaño convierte a una persona en blanco de opresión y marginación corporal, con un gran impacto en la salud. Esto es particularmente dañino en ninxs y adolescentes, a quienes con demasiada frecuencia se les prescribe una serie de acciones con la intención de provocar pérdida de peso.

Que podemos inferir las conductas o estilo de vida de una persona con base en su peso. En realidad, lo que asumimos acerca de una persona por solo verla es únicamente indicativo de nuestro propio sesgo en torno al peso.

Que la obesidad es un trastorno alimentario (o un marcador de un trastorno alimentario). Los síntomas y cuestiones centrales en un trastorno alimentario están en el ámbito cognitivo y conductual. El peso no es un pensamiento, no es una emoción, no es una conducta.

Que sobrepeso y obesidadson palabras neutrales, o que pueden ser asumidas como simple descripción sin connotación negativa. Estos términos hacen daño. Son etimológicamente incorrectos y han sido creados y centrados por un sistema opresivo que patologiza y margina a ciertos cuerpos (3). La creación de las categorías de ‘sobrepeso’ y ‘obesidad’ se basó en

  • el Índice de Masa Corporal (IMC), una medida estadística que nunca tuvo la intención de ser utilizada como indicador de salud individual;
  • el supuesto de que por encima de cierta categoría de IMC todos los cuerpos están enfermos y que el IMC está causalmente vinculado con la salud y/o la longevidad, lo cual no está respaldado por la evidencia científica;
  • los intereses económicos de la industria de las dietas, incluyendo laboratorios farmacéuticos que producían medicamentos para perder peso.

Que un foco en el peso como desenlace o indicador confiable de salud es compatible con un enfoque inclusivo / neutral con respecto al peso. El foco/énfasis en el peso (aun cuando se considera como un desenlace deseado de conductas relacionadas con salud) continúa realzando un paradigma centrado en el peso, que deposita juicios negativos en personas de mayor peso al promover la visión de que están enfermas y son una carga para la sociedad y de que el peso puede ser controlado a voluntad (así que si una persona está gorda, es por malas elecciones y pobres hábitos de estilo de vida).

Que un enfoque centrado en el peso es compatible con mindful eating. Aquí vemos el sesgo en torno al peso y la mentalidad de dieta en acción. Hasta que podamos dejar el peso fuera de la ecuación (habiendo verdaderamente comprendido que no es algo que puede ser modificado, manejado o controlado a voluntad; y dejando de usarlo como indicador confiable de salud y bienestar) no seremos capaces de verdaderamente apoyar a alguien para que sea consciente de sus necesidades y se sienta cómoda cuidando de dichas necesidades de manera consistente, soltando el desenlace.

Que un enfoque inclusivo / neutral con respecto al peso es sinónimo con estar en contra de cualquier pérdida de peso, o que glorifica la obesidad. Un enfoque inclusivo con respecto al peso aboga por la justicia social y por el derecho de todas las personas a recibir cuidado respetuoso. Busca interrumpir el estigma por el peso y celebra la diversidad de figuras y tallas. Un enfoque neutral con respecto al peso no está a favor ni en contra de la pérdida de peso, simplemente rechaza la persecución deliberada de la pérdida de peso y aboga por confiar en que cada cuerpo se hará cargo de la cuestión del peso cuando una persona cultive autocuidado y bienestar sustentable en distintos ámbitos – esto puede ser en cualquier parte del espectro de peso / IMC. Este rechazo de la persecución deliberada de pérdida de peso se arraiga en preocupaciones tanto éticas como científicas.

Que es irresponsable ignorar las serias consecuencias del peso. Si bien sabemos que el peso se correlaciona con ciertos riesgos para la salud, correlación no es lo mismo que relación causal. Y no es el peso, sino nuestra fijación cultural en el peso y las consecuencias conductuales de esta fijación, lo que con frecuencia trae consecuencias adversas para la salud. La discriminación, el estigma, la vergüenza y la opresión dañan nuestra salud física, emocional y social. Las conductas alimentarias que con frecuencia se prescriben para personas de mayor peso son diagnosticadas como trastornos alimentarios en personas delgadas.

Que el peso es el problema y la alimentación consciente el antídoto, solución o cura. Como ya se ha dicho, la práctica de mindfulness no se trata de arreglar o de controlar desenlaces. La alimentación consciente se trata de sanar nuestra relación con la comida, nuestro cuerpo y el movimiento, no de aferrarnos a un desenlace específico.

Que la salud se aloja en el individuo. En contraste con esta creencia, lo que la ciencia nos dice es que – dependiendo de nuestro nivel de privilegio – solamente de 15 a 25% de los desenlaces asociados con salud son una consecuencia de las conductas individuales. El resto está en función de las determinantes sociales de salud.

Que la salud es cuestión de elección individual. La realidad biológica de vivir en un cuerpo es que todas las personas tendremos distintas condiciones de salud a lo largo de nuestra vida. Y los sistemas de privilegio y opresión en intersección, incluyendo el acceso a servicios de salud, tienen un impacto en todos los aspectos de nuestra vida y son determinantes cruciales de nuestra salud. Esto no está dentro del control del individuo.

Necesitamos reencuadrar lo que enseñamos para hacer espacio para que las personas de todas las tallas y niveles de salud puedan ser nutridas en mindfulness y compasión, sin esperar que los cuerpos cambien de manera externa como marcador de éxito, progreso o sanación. Necesitamos abogar por el derecho de todos los cuerpos a ser sostenidos en aceptación radical, respeto y confianza.

Necesitamos honrar la ética de nuestra práctica para crear una sociedad más justa, amable y compasiva en la que no nos estemos coludiendo con el sesgo en torno al peso, la cultura de las dietas y la opresión corporal.

Necesitamos dejar de promover / vender sesgo en torno al peso, discriminación por talla, capacitismo, salutismo y nutricionismo disfrazados de atención plena / alimentación consciente / compasión.

La instrucción en torno a la moderación alimentaria en el contexto de mindful eating necesita ser matizada, tomando en consideración que lo que enseñamos se recibe en el contexto de una cultura y sociedad en la que la mentalidad de dieta domina. Necesitamos responsabilizarnos no solo de nuestra intención, sino del impacto de lo que dcimos y hacemos – o lo que dejamos de decir o hacer. La inclusión de tallas y la neutralidad en torno al peso necesitan ser incorporadas explícitamente en lo que enseñamos.

Es crucial que, como instructorxs / maestrxs de atención plena y alimentación consciente consideremos el paradigma y postura en que nuestra práctica y enseñanzas están arraigadas, así como los sesgos y el estigma interiorizado que informa la forma en que practicamos y enseñamos. Es necesario que la práctica de mindfulness y mindful eating sea transmitida como una práctica de liberación, no como una intervención opresiva más, ni como estrategia apropiada por la mentalidad y cultura de dieta, u otras estructuras y discursos de opresión. Para este fin, es útil aprender de feminismo interseccional, justicia social, cuidado informado por trauma, teoría cultural-relacional, teoría crítica y nutrición crítica.

Des-aprender y re-aprender es un proceso, y toma tiempo. Que todas las personas podamos sostener nuestros errores en compasión y ofrecernos a nosotras mismas y a las demás paciencia al continuar cuestionando y desafiando el sesgo y la opresión interiorizada, y resistiendo estructuras y discursos opresivos en el camino a la liberación colectiva.

¿Cuáles son tus creencias y sesgos interiorizados en torno al peso? ¿Qué influencia o impacto tienen en la forma en que practicas o enseñas mindfulness y mindful eating?

(1) El paradigma centrado en el peso, también conocido como el enfoque normativo con respecto al peso, centra al peso en las conversaciones relacionadas con salud. Incluye la perspectiva de que las categorías de “sobrepeso” y “obesidad” de acuerdo con el Índice de Masa Corporal (IMC) son un problema, que el IMC se reduce limitando el consumo de calorías y aumentando el gasto energético y que existe un ambiente “obesogénico”. Este paradigma parte de la premisa de que el peso y la enfermedad están causalmente vinculados en una forma lineal, y enfatiza la responsabilidad personal de hacer “elecciones saludables de estilo de vida”y mantener un “peso sano”. Con base en estas creencias, se enfoca en la pérdida y el manejo / control de peso para prevenir y tratar un sinfín de problemas de salud. Una amplia gama de agentes se involucran entonces en construir socialmente la gordura como un problema de salud “corregible”.

(2) Salutismo es un término utilizado por primera vez por el economista político Robert Crawford, quien en un ensayo titulado “Healthism and the Medicalization of Everyday Life” escribió “El salutismo sitúa el problema de la salud y la enfermedad a nivel del individuo. Las soluciones se formulan también en ese nivel. Al grado al que el salutismo de forma a las creencias populares, continuaremos teniendo una concepción y estrategia de promoción de la salud no-política y, por consiguiente, ultimadamente ineficaz. Más aún, al elevar la salud a un valor supremo, una metáfora de todo lo que es bueno en la vida, el salutismo refuerza la privatización de la lucha por el bienestar generalizado”. Desde esta perspectiva, el salutismo implica ver la salud como una cuestión individual, un valor primario, una elección y un índice de moralidad.

Crawford estaba respondiendo no solo al modelo médico dominante, sino también a los diversos movimientos para cuidado personal, cuidado holístico y medicina alternativa. Si bien dichos movimientos estaban reaccionando en contra de la medicina occidental alópata convencional, también son parte de una transición histórica hacia la medicalización como una forma de manejar a las poblaciones, hacia pensar en todo en términos de si es saludable o no, en gran medida sinónimo con bueno o malo.

De acuerdo con Petr Skrabanek, el salutismo comienza cuando el gobierno utiliza propaganda y coerción para establecer normas de salud e intenta imponer normas de un “estilo de vida saludable”. Todas las actividades humanas son sopesadas en términos de sus efectos reales o imaginarios en la salud: todas las actividades humanas son consideradas como responsables o irresponsables con base en esta medida.

Después de Skrabanek, Nikolas Rose ha descrito al salutismo como una doctrina que vincula los “objetivos públicos para la buena salud y el buen orden del cuerpo social con el deseo de los individuos de tener salud y bienestar”. Pero mientras que Skrabanek critica a las intervenciones del estado como coercitivas, de acuerdo con Rose la sociedad capitalista no necesita la coerción. Puesto que las personas quieren ser “saludables”, el aparato de la publicidad y otros medios de persuasión capitalista conducen a las personas a interiorizar el mensaje del salutismo sin intervención del estado. La perspectiva de Rose representa una extensión de las teorías de Michel Foucault.

(3) Desde un paradigma inclusivo con respecto al peso, los términos que utilizamos son cuerpos de mayor tamaño, mayor peso y gordx, abogando por la reclamación de la palabra gorda/o como una adjetivo sin connotación negativa.

 

Referencias:

Aphramor L. Terms of belonging: Words, weight and ethical autonomy. NHDmag. 2018; 131: 41-45.

Bacon L. The body manifesto. 2017. Traducción al español: El manifiesto del cuerpo.

Bacon L, Aphramor L. Body Respect: What Conventional Health Books Get Wrong, Leave Out, and Just Plain Fail to Understand about Weight. Dallas, TX: Benbella Books, Inc.; 2014.

Bacon L, Aphramor L. Weight science: Evaluating the evidence for a paradigm shift. Nutr J. 2011; 10:9. doi: 10.1186/1475-2891-10-9. Descarga la traducción al español aquí.

Berman MI. The ethics of helping clients with weight loss in psychotherapy. [Artículo web]. 2017.

Brady J, Gingras J, Aphramor L. Theorizing health at every size as a relational-cultural endeavor. Critical Public Health. 2013; 23(3): 345-355. Doi: 10.1080/09581596.2013.797565

Crawford R. Healthism and the medicalization of everyday life. Int J Health Serv. 1980; 10(3): 365-388.

Gingras J, Asada Y, Fox A, Coveney J, Berenbaum S, Aphramor L. Critical dietetics: A discussion paper. 2014; 2(1): 2-12.

Gotovac S, LaMarre A, Lafreniere K. Words with weight: The construction of obesity in eating disorders research. Health. 2018. doi: 10.1177/1363459318785706.

Meadows A, Daníelsdóttir S. What’s in a word? On weight stigma and terminology. Front Psychol. 2016; 7: 1527. doi:10.3387/fpsyg.2016.01527.

O’Hara L, Taylor J. What’s wrong with the ‘War on obesity?’ A narrative review of the weight-centered health paradigm and development of the 3C framework to build critical competency for a paradigm shift. SAGE Open. 2018; April-June: 1-28. doi: 10.1177/2158244018772888.

Pearl RL, Puhl RM. Weight bias internalization and health: a systematic review. Obes Rev. 2018. doi: 10.1111/obr.12701

Skrabanek P. The Death of Humane Medicine and the Rise of Coercive Healthism. Suffolk, UK: The Social Affairs Unit; 1994.

Tylka T, Annunziato RA, Burgard D, et al. The weight-inclusive versus weight-normative approach to health: Evaluating the evidence for prioritizing well-being over weight loss. J Obes. 2014. doi: 10.1155/2014/983495. Descarga la traducción al español aquí.

Wikipedia. Healthism.

* Si te gustaría recibir una copia de los artículos de investigación en la lista que no incluyen la liga para descargarlos, o del libro de Skrabanek, mándame un correo a lilia@mindfuleatingmexico.com.

 

Acerca de la autora:

Lilia Graue es médica, psicoterapeuta, instructora certificada de Mindful Eating y Proveedora Certificada de Body Trust®. Es pionera en el ámbito de alimentación consciente, cuidado con enfoque inclusivo de todos los cuerpos y Salud en Todas las Tallas en el mundo de habla hispana. Fundó y dirige Mindful Eating México® y fungió como Vicepresidenta de The Center for Mindful Eating.